domingo, 25 de febrero de 2018

Aburrida II

Aburrida.
Como cuando voy a un bar con él. Y yo no digo nada, porque estoy aburrida, y no quiero estar ahí.
Y él no dice nada porque nunca tiene nada para decir.
Y veo la desesperación en sus ojos y sus manos al verme así de aburrida. Como sabiendo que es él el que me aburre hasta los huesos.
Y no nos decimos nada.
Nos distraemos con el ruido. Pago y nos vamos juntos al silencio de nuestra cama.

Aburrida

Aburrida.
Como cuando le digo al chico de Long Island, que no es de Long Island, pero da igual. Le digo al chico de Long Island, despues del sexo, que me aburro y que se vaya. Pero no se va, porque no le digo nada. Sólo le digo que estoy aburrida y no sé si se ofende, pero no importa.
Y la nieve afuera de la ventana se ve tan hermosa.
Y pienso en las enormes bocandas de vacío que vez a vez me envuelven desnuda, cansada, distante. Mientras sangro un poco más en el adredón blanco del Holiday Inn.
Y el chico de Long Island, que es real pero no existe, vuelve a la nada conmigo.
Y siempre así, la chica de la nada, yendo de todo en todo, de nada en nada.

domingo, 19 de noviembre de 2017

La obsesión por el hombre misterioso.

La obsesión sinfin por el hombre misterioso. El eterno deseo de lo inalcanzable. Infantil rosqueo sobre imposibles. ¿Quién sos? ¿Quién soy? Y las preguntas que no me atrevo a decir en voz alta. Querer ser dueña de todo y todos. Desear desde las tripas ser tu dueña por un rato, hasta aburrirme y descartarte por alguien más. El sexo lo es todo. Sueño con todo lo sucio y excitante. Los juegos mentales y nuestro apetito. Lo retorcido de tu ser y la emoción que me provoca. La satisfacción de estar sujeta a tu antojo y luego el vacío. La angustia de no ser más. Como me calienta pensarte a mi antojo, imagen y semejanza. Juegos metales. Juegos sexuales. Cliché.
My body feels the same way it did that day. Salty, sweaty, wanting for more. My legs are wide open. My lips pleading for yours. My wet lips pleading for your tongue. If only I... If only I would've... My blood of women, my bloody blessing is leaving and I'm thinking of you.

martes, 21 de marzo de 2017

Those who fuck you better are harder to forget.


I look for him on the streets of Buenos Aires. I know he isn't here. I know he is not here. He's miles and miles away. Far away in the city of the island. Just now I was making some toasts and I heard his voice. His laughter. In my head. A memory of that night. When we were about to go. And I told him I had taken all his stuff from the couch, where he had left them before we went upstairs looking for our stuff. 'I know', he said, and then he laughed. That laugh. His voice. It kills me every time. It makes me get wet. He makes my cunt tremble. My cunt can feel it. The thrill, the excitement. My lips, and my lips on his cock on the train. The rush. His eyes, his dick, my lips.

Mierda, se me quemaron las tostadas.

martes, 21 de febrero de 2017

Viajar

Recuerdo mi primer gran viaje. Sola -sin mis papás-. Con unxs amigxs/compañerxs de la facultad viajamos a un congreso. La emoción. Mi primer gran viaje. Lo que mejor me acuerdo de ese viaje no fueron las borracheras, los nervios de verlo a él, la gente nueva, los mates, el congreso, la ciudad. Lo que mejor me acuerdo fue la conversación que tuve con mi mamá cuando le hablé del viaje. No le tuve ni que insistir demasiado. Me dijo que sí sin yo tener que dar las 101 razones (que muy bien había ensayado) por las que ella debería patrocinar mi viaje.

Mi mamá tenía la capacidad de decir cosas sin tener que efectivamente decirlas. Ese momento fue uno de esos momentos. Sin tener que decirlo me dijo que vaya, que explore el mundo por mi misma. Que lo vea, que lo sienta, que lo viva, que me duela.

El recuerdo de aquel día y de aquella jovencita del interior en la gran ciudad quedó bastante atrás en mi memoria. No fue hasta hace poco que volvió. ¿Cómo es que volvió? Resulta que hace una semana volví de Nueva York, después de haber estado un mes en los Estados Unidos. Una aventura sin precedentes. 3 estados, 4 aeropuertos, 5 trayectos, demasiadas horas de viaje.
Y yo sin ella.
Y yo con ella.
Y la aplastadora verdad que me golpea y ahoga.


viernes, 13 de mayo de 2016

Soñar un sueño.

Llegué a la finca de mi abuela como todos veranos. Mis papás y hermanas habían llegado unos días antes que yo. No recuerdo si fue sola o con César. Cuando llegué las busqué a mis hermanas y a mi mamá pero no las pude encontrar. La casa de mi abuela no era la vieja casa de barro que siempre había sido, era una gran casa ahora, llena de habitaciones, lista para albergar la gran cantidad de nietos, sobrinos e hijos que los años habían traído. Eramos muchos, primos, sobrinos, tíos, muchos. Al otro día me desperté y las busqué por la casa pero tampoco las encontré. Me levanté algo tarde, como es costumbre mía, así que supuse que se habían ido al río. En busca de ellas bajé al río, pero no donde siempre ibamos a buscar agua cuando eramos chicas, lavabamos las medias y nos bañabamos, ahí cerca del eterno manzanero, no, fui por otro camino, por un nuevo camino. Un nuevo camino que los nuevos señores administradores de la finca habían trazado. Así llegué al río, río arriba de donde ibamos a buscar agua, lavar las medias y bañarnos cuando eramos chicas. Allí no las encontré, pero estaban mis tíos, primos primeros, primos segundos, hasta algunos primos que se yo de qué grado son. Les pregunté por mi mamá. Ninguno sabía nada. Mi primo Daniel se había ido a buscar ganado, me dijeron que le preguntase a él después. Volví a la casa frustrada. En la casa encontré más familiares, seguí preguntando por mi mamá. Allí alguien, no recuerdo quién, me dijo que mi mamá se había ido al río. Imaginé que al río donde ibamos cuando eramos chicas, sí, ahí donde buscabamos agua, lavabamos las medias, donde solíamos bañarnos, ahí mismo. Bueno, me dije, ya va a volver. Pero cayó la noche y mi mamá no volvió. Me preocupé y a la hora de la cena los confronté a todos y les dije que porque putas nadie sabía nada de mi mamá, que qué les pasaba a todos, que porqué a nadie le importaba. Ahí seguramente a más de alguno le remordí la conciencia o no sé, pero salieron a buscarla. Y así fue, en la oscuridad de la noche salieron todos los hombres de la casa a buscarla. Las linternas alumbraban todo el campo y yo esperaba. En la casa encontré un par de viajeros que me habían dicho que sabían que ella había llegado hacía un par de días, que había vendido pescado en Guachipas. Qué raro, dije, pero no encontré razón para pensar porqué mentirían. Luego encontré una escalera, en el ala oeste de la casa. Era muy grande la nueva casa que no había tenido tiempo de explorarla. Allí encontré a unas mujeres negras de grandes tetas. Les pedí que me ayudaran a encontrar a mi mamá. Ellas accedieron y se pusieron a bailar. Bailaron un baile hermoso, un baile tribal hermoso. Algunas quedaron bailando y otras desaparecieron. Más tarde, llegó una con un bebé. Una bebé con la mitad de la cara paralizada. La reconocí enseguida. Era ella, era mi mamá. Me dijo la negra que la había encontrado en el río, ahí donde ibamos a buscar agua, en donde lavabamos las medias y nos bañabamos cuando eramos chicas, cerca del viejo manzanero. Estaba allí, siempre estuvo allí. Estuvo ahí sola y con frío, con hambre, bajo el rocío y la negra noche. Ahora estaba en mis brazos. Pero llegó mi tío Efraín en ese momento, justo cuando ella acababa de llegar a mis brazos. Él entró, y se sorprendió por el bebé. Lo agarró en sus brazos y creo que también lo supo. Me miró sorprendido y mi mamá le dió un beso lleno de baba de bebé en el cachete derecho. Ella olía a bebé, a leche dulce de madre primeriza. Olía a ella. Sentí su rechazo en el gran beso que le dió a él. Era él, su primer hijo por así decirlo.

Me despierto desorientada con los ojos bien abiertos, con frío y en la oscuridad. César duerme al lado mío. Pienso y rebovino el sueño tan vívido. No siento nada más que apabullamiento. No puedo ni llorar. Me siento y se despierta, sueño ligero tiene. Hablamos y logro entender. Logro llorar. Aquí mismo donde escribo estas palabras. Ya va a ser un año de su muerte. Hace un año que sentía por primera vez ese apabullamiento, ese llanto profundo.